-Hacía tiempo que no nos veíamos. ¿Dónde te metes últimamente?
-Pues, trabajo y estudio... No tengo mucho tiempo de salir. Desde Navidad no he pisado la calle.
-Ya... No te he visto en los pubs, ni nada. ¿Qué vas a hacer hoy?
-Pues no lo sé muy bien. Igual después de tomar algo por ahí, hacemos botellón en algún sitio. Y luego iremos de pubs.
-Te veo allí ¿no?
-He conocido a alguien.-soltó a bocajarro.
Qué cara de estupefacción. Había una incredulidad en sus ojos verdes que rozaba la histeria.
-¿A quién?
-A alguien diferente. No es de aquí, es francés. Se llama Pierre.
-¿Y que está de paso?-dijo cambiando el peso del cuerpo de un pie a otro.
-No, estudia aquí, vamos, que vive aquí.
-No te va a durar nada, ¿lo sabes, no?-preguntó sonriendo. Ella no contestó.-Si acaso un par de asaltos y se acabó; si es que llegáis a eso.
-No sé porqué dices eso. Seguro que me va bien, es un tío genial. -dijo abrochándose la chaqueta. Se sentía incómoda.
-Ya, pero no es yo. Y lo sabes. -contestó él agarrándola por el brazo.
-Suéltame. -dijo zafándose de sus garras. - No me vas a dejar en paz nunca ¿no?
No contestó. Simplemente sonrió.
No, nunca la iba a dejar en paz. Jamás. No mientras ella siguiera dándole credibilidad. No mientras siguiera esperando que las cosas cambiaran. No mientras le estuviera bailando el agua. Nunca.
Lo mejor de todo esto es que no ha sucedido en realidad. Esto son mis sueños, quizás el de hoy no haya sido realmente espectacular, pero no paro de pensar en lo que representa.
No sé porque me sigo sintiendo parte de un juego en el que yo dejé voluntariamente de participar.
Soy una completa gilipollas, no sé porque no dejo de perder el tiempo en esta mierda.
No me merece la pena, es absurdo completamente. Es un asco.
sábado, 31 de enero de 2015
domingo, 25 de enero de 2015
Under the bridge.
Ya han pasado unos cuantos días desde la última vez que escribí algo interesante.
La verdad que en este lapsus de tiempo, he de confesar que he cumplido algunas pautas de mis propósitos.
Más que nada es lo de fumar y es que hoy es el día que hace 19. Estoy bastante orgullosa de mí misma en ese aspecto y es que con el dinerito que he ahorrado, he podido darle un sutil cambio a mi fondo de armario.
Lo de la gente tóxica, casi que también lo estoy cumpliendo. Y me duele decirlo, pero es que es cierto, y es que una de mis mejores amigas es una de las personas más tóxicas que conozco.
No sólo en el plano sentimental o personal, es incluso en sus hábitos.
El noventa del tiempo está pensando en estar de fiesta, borracha como una cuba y darlo todo en cualquier pseudo-discoteca. Fuma muchísimo, a veces ni si quiera se da cuenta de que acaba de fumarse un cigarrillo, cuando ya se está encendiendo otro. Y del plano sentimental mejor no hablamos. Completamente dependiente emocional de sus amigas-novios, con una autoestima por los suelos.
Y no es por ser egoísta, pero ya me estoy cansando de estar rodeada de este tipo de personas. Son como sanguijuelas gigantes, que me chupan toda la sangre y el buen rollo, y me dejan seca como una hoja de otoño. No tengo por qué estar aguantando constantemente como se me acercan buscando apoyo continuo, hasta que me sacan todo lo que necesitan y se largan. Y me puedo pasar semanas enteras sin tener noticias de nadie. Lo siento, pero la gallina de los huevos de oro se ha vuelto estéril.
En el plano sentimental, también tomé la decisión de pasar de largo de una historia extraña-rara que no me aportaba absolutamente nada. Dolores de cabeza. No puede ser una de cal y siete de arena. El tira y afloja está muy bien, pero tres años así, minan la paciencia y el amor propio de una. Chao pescao.
Hablo con otro chico de vez en cuando, pero no creo que nada ni si quiera que tenga el menor componente sexual. A veces esa química mola, pero es que en este caso es inexistente, no sé si espera que me convierta en cat-woman de repente o que, pero me entretiene.
En los estudios voy patéticamente mal. Todo, porque no paro de darle vueltas a que voy a hacer cuando termine esto que estoy estudiando ahora y que detesto. Aparte también me influye el ambiente de clase, que es nefasto. No hay ni un ápice de compañerismo, ni de buen rollo, todo son caretos y cuchicheos. Ya está bien hombre.
De todas formas creo que en ese centro de estudios, tengo el título de ''chunga/rebelde'' de la clase y la verdad es que tampoco estoy haciendo nada por limpiar mi nombre. Estoy incómoda, asqueada y no evito que se me note. Ventajas de ser transparente.
r
Y creo que hasta ahora eso es todo lo que tengo que decir. Estoy jodida, pero contenta.
La verdad que en este lapsus de tiempo, he de confesar que he cumplido algunas pautas de mis propósitos.
Más que nada es lo de fumar y es que hoy es el día que hace 19. Estoy bastante orgullosa de mí misma en ese aspecto y es que con el dinerito que he ahorrado, he podido darle un sutil cambio a mi fondo de armario.
Lo de la gente tóxica, casi que también lo estoy cumpliendo. Y me duele decirlo, pero es que es cierto, y es que una de mis mejores amigas es una de las personas más tóxicas que conozco.
No sólo en el plano sentimental o personal, es incluso en sus hábitos.
El noventa del tiempo está pensando en estar de fiesta, borracha como una cuba y darlo todo en cualquier pseudo-discoteca. Fuma muchísimo, a veces ni si quiera se da cuenta de que acaba de fumarse un cigarrillo, cuando ya se está encendiendo otro. Y del plano sentimental mejor no hablamos. Completamente dependiente emocional de sus amigas-novios, con una autoestima por los suelos.
Y no es por ser egoísta, pero ya me estoy cansando de estar rodeada de este tipo de personas. Son como sanguijuelas gigantes, que me chupan toda la sangre y el buen rollo, y me dejan seca como una hoja de otoño. No tengo por qué estar aguantando constantemente como se me acercan buscando apoyo continuo, hasta que me sacan todo lo que necesitan y se largan. Y me puedo pasar semanas enteras sin tener noticias de nadie. Lo siento, pero la gallina de los huevos de oro se ha vuelto estéril.
En el plano sentimental, también tomé la decisión de pasar de largo de una historia extraña-rara que no me aportaba absolutamente nada. Dolores de cabeza. No puede ser una de cal y siete de arena. El tira y afloja está muy bien, pero tres años así, minan la paciencia y el amor propio de una. Chao pescao.
Hablo con otro chico de vez en cuando, pero no creo que nada ni si quiera que tenga el menor componente sexual. A veces esa química mola, pero es que en este caso es inexistente, no sé si espera que me convierta en cat-woman de repente o que, pero me entretiene.
En los estudios voy patéticamente mal. Todo, porque no paro de darle vueltas a que voy a hacer cuando termine esto que estoy estudiando ahora y que detesto. Aparte también me influye el ambiente de clase, que es nefasto. No hay ni un ápice de compañerismo, ni de buen rollo, todo son caretos y cuchicheos. Ya está bien hombre.
De todas formas creo que en ese centro de estudios, tengo el título de ''chunga/rebelde'' de la clase y la verdad es que tampoco estoy haciendo nada por limpiar mi nombre. Estoy incómoda, asqueada y no evito que se me note. Ventajas de ser transparente.
r
Y creo que hasta ahora eso es todo lo que tengo que decir. Estoy jodida, pero contenta.
martes, 6 de enero de 2015
Estoy cansada.
Hoy tengo una pena que me supera.
Noto un vacío al final del estómago, una bolita que pesa como el cemento y se hunde en mis entrañas.
No paro de soñar, a veces mis sueños me producen dolores de cabeza, me levanto con el cuello y la mandíbula dolorida, y eso que son sueños bonitos. Lo curioso es la cantidad de sueños lúcidos que estoy teniendo últimamente, en los que casi siempre soy muy feliz, tengo aquello que en el presente me falta, pero soy consciente de que es un sueño, entonces todo se esfuma.
En ese momento de conciencia, es cuando las personas que me hacen feliz, se desvanecen a mi alrededor, desaparecen. Y me despierto y me duele haber soñado.
A veces lo que me duele es saber lo sola que estoy. Porque creo fielmente, que las personas que no saben, son mucho más felices. La verdad es fea, la verdad es un puñal incandescente. Se te clava, y produce una quemadura incurable o que como mucho, te abandona dejando tras de si, un fea cicatriz.
Me pregunto si se puede echar de menos algo que nunca se ha tenido. No sé si esa es la expresión adecuada, o más bien, sería completar una función básica. Igual lo que me pesa es el amor que todavía no he dado. Pero a veces, es que me parece que es una pérdida de tiempo muy grande. Es regar una planta que es de plástico. No sirve absolutamente de nada.
Por eso igual voy con los hombros caídos, la cabeza gacha y los ojos clavados en el suelo. Es lo único que te sostiene, algo fuerte, frío y duro, algo real, algo palpable.
Ahora mismo no quiero seguir así. Necesito que me pasen cosas maravillosas, tener un poquito de ilusión y fantasía, que esta racha de apatía y simpleza se acabe. No quiero que pase otro año más, y que no me haya sucedido nada espectacular. No quiero ser una actriz secundaria, en esta película que es mi vida. Ya no más.
Noto un vacío al final del estómago, una bolita que pesa como el cemento y se hunde en mis entrañas.
No paro de soñar, a veces mis sueños me producen dolores de cabeza, me levanto con el cuello y la mandíbula dolorida, y eso que son sueños bonitos. Lo curioso es la cantidad de sueños lúcidos que estoy teniendo últimamente, en los que casi siempre soy muy feliz, tengo aquello que en el presente me falta, pero soy consciente de que es un sueño, entonces todo se esfuma.
En ese momento de conciencia, es cuando las personas que me hacen feliz, se desvanecen a mi alrededor, desaparecen. Y me despierto y me duele haber soñado.
A veces lo que me duele es saber lo sola que estoy. Porque creo fielmente, que las personas que no saben, son mucho más felices. La verdad es fea, la verdad es un puñal incandescente. Se te clava, y produce una quemadura incurable o que como mucho, te abandona dejando tras de si, un fea cicatriz.
Me pregunto si se puede echar de menos algo que nunca se ha tenido. No sé si esa es la expresión adecuada, o más bien, sería completar una función básica. Igual lo que me pesa es el amor que todavía no he dado. Pero a veces, es que me parece que es una pérdida de tiempo muy grande. Es regar una planta que es de plástico. No sirve absolutamente de nada.
Por eso igual voy con los hombros caídos, la cabeza gacha y los ojos clavados en el suelo. Es lo único que te sostiene, algo fuerte, frío y duro, algo real, algo palpable.
Ahora mismo no quiero seguir así. Necesito que me pasen cosas maravillosas, tener un poquito de ilusión y fantasía, que esta racha de apatía y simpleza se acabe. No quiero que pase otro año más, y que no me haya sucedido nada espectacular. No quiero ser una actriz secundaria, en esta película que es mi vida. Ya no más.
sábado, 3 de enero de 2015
¿Vida nueva?
Adiós 2014, fue un placer.
O eso creo.
Se supone que estamos a principios de año, que lo suyo es empezar con buen pie y buen rollo y tener una lista de propósitos que cumplir.
La mía por suerte o por desgracia es excesivamente larga, porque creo que hay muchas cosas de mi vida que me gustaría cambiar/mejorar. No sé si me merece la pena intentar pensar mucho en ello, porque al fin y al cabo, puede ser que pase otro año más y no haya cambio alguno.
-Ser más organizada. Vivo en un caos perpetuo y no suelo organizarme nada bien.
-Leer más. Tengo una lista de libros por leer inmensa.
-Comer mejor. Sobran las palabras.
-Estudiar más o de manera más constante. Dejar los atracones finales a las cuatro de la mañana.
-Dejar de fumar y de beber café. Mi garganta hoy se queja.
-Escuchar nuevos grupos de música y desanclarme de la misma música de siempre.
-Aprender a tocar la guitarra. O al menos recordar lo que ya sabía.
-Eliminar gente tóxica. Eso lo estoy procesando ya.
-Hacer ejercicio. Al menos 20-40 minutos diarios.
Y eso creo que es todo. Son diez millones de cosas más, pero creo que son tan estúpidas y banales que no merece la pena pararse a pensar en ellas.
Feliz año.
O eso creo.
Se supone que estamos a principios de año, que lo suyo es empezar con buen pie y buen rollo y tener una lista de propósitos que cumplir.
La mía por suerte o por desgracia es excesivamente larga, porque creo que hay muchas cosas de mi vida que me gustaría cambiar/mejorar. No sé si me merece la pena intentar pensar mucho en ello, porque al fin y al cabo, puede ser que pase otro año más y no haya cambio alguno.
-Ser más organizada. Vivo en un caos perpetuo y no suelo organizarme nada bien.
-Leer más. Tengo una lista de libros por leer inmensa.
-Comer mejor. Sobran las palabras.
-Estudiar más o de manera más constante. Dejar los atracones finales a las cuatro de la mañana.
-Dejar de fumar y de beber café. Mi garganta hoy se queja.
-Escuchar nuevos grupos de música y desanclarme de la misma música de siempre.
-Aprender a tocar la guitarra. O al menos recordar lo que ya sabía.
-Eliminar gente tóxica. Eso lo estoy procesando ya.
-Hacer ejercicio. Al menos 20-40 minutos diarios.
Y eso creo que es todo. Son diez millones de cosas más, pero creo que son tan estúpidas y banales que no merece la pena pararse a pensar en ellas.
Feliz año.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Post-nochebuena.
Miro el reloj y me parece mentira que haya desperdiciado otro día durmiendo. Las 12 horas anteriores fueron intensas.
Volvía a casa con unas gafas de sol navideñas, tiritando de frío y descalza, ya que mis tobillos habían decidido dejar de soportar el peso de mi cuerpo.
Me raspaban las plantas de los pies, el asfalto estaba casi congelado, a los pocos minutos, cada pisada era un dolor increíblemente placentero.
-Cambiémonos los zapatos.-me dijo una amiga.
Volví a casa, en cuanto me bajé del coche me apresuré a calentarme en la chimenea, lo suficiente para poder dormir.
Me levanto de la cama, la casa está en completo silencio. Es de día y todos se han ido. Gente que tiene cosas que hacer, gente que se levanta por fuertes motivos. Yo no, yo sólo estoy de resaca y me arrastro de un lado a otro sin ningún objetivo. Veo una nota colgada en el frigorífico, tengo que limpiar.
Barro el salón y la ceniza del tabaco acaban en el fondo de la basura. Sacudo cojines y los coloco en su sitio. Enciendo una vela perfumada, pues los olores dulces me hacen sentirme bien. Amontono los platos sucios y abro el grifo con el agua caliente a tope. Friego cada plato de forma metódica, lo paso de un fregadero a otro, aclaro y coloco. Lleno un recipiente con agua caliente y vierto lejía en él. Sumerjo la bayeta y dejo que se hunda por completo, mientras la suciedad sale a flote. Qué fácil sería llenar una bañera de agua hirviendo, añadiría lejía y después me hundiría hasta que todo lo feo saliese a fuera y se quedara ahí, mientras una nueva yo, limpia y reluciente se enfrenta al mundo.
Tengo hambre de resaca, por eso como a las 12. Me alegro de que no haya comida deliciosa y grasienta, porque acabaría con ella de una sentada. Los bombones me tientan, pero me he prometido que esta navidad sólo comería 10. Estúpidas normas que me hacen sentirme segura.
Abro el tambor de la lavadora y tiendo la ropa fuera. Hay sol, y es agradable, pero una corriente de aire frío me traspasa el pijama y me da un escalofrío.
Tengo recuerdos alegres y divertidos, otros penosos y patéticos. Esto es la post-nochebuena, mi humor ha disminuido drásticamente, ya que lo único que me apetece es meterme en la cama y que llegue el 8 de enero.
Volvía a casa con unas gafas de sol navideñas, tiritando de frío y descalza, ya que mis tobillos habían decidido dejar de soportar el peso de mi cuerpo.
Me raspaban las plantas de los pies, el asfalto estaba casi congelado, a los pocos minutos, cada pisada era un dolor increíblemente placentero.
-Cambiémonos los zapatos.-me dijo una amiga.
Volví a casa, en cuanto me bajé del coche me apresuré a calentarme en la chimenea, lo suficiente para poder dormir.
Me levanto de la cama, la casa está en completo silencio. Es de día y todos se han ido. Gente que tiene cosas que hacer, gente que se levanta por fuertes motivos. Yo no, yo sólo estoy de resaca y me arrastro de un lado a otro sin ningún objetivo. Veo una nota colgada en el frigorífico, tengo que limpiar.
Barro el salón y la ceniza del tabaco acaban en el fondo de la basura. Sacudo cojines y los coloco en su sitio. Enciendo una vela perfumada, pues los olores dulces me hacen sentirme bien. Amontono los platos sucios y abro el grifo con el agua caliente a tope. Friego cada plato de forma metódica, lo paso de un fregadero a otro, aclaro y coloco. Lleno un recipiente con agua caliente y vierto lejía en él. Sumerjo la bayeta y dejo que se hunda por completo, mientras la suciedad sale a flote. Qué fácil sería llenar una bañera de agua hirviendo, añadiría lejía y después me hundiría hasta que todo lo feo saliese a fuera y se quedara ahí, mientras una nueva yo, limpia y reluciente se enfrenta al mundo.
Tengo hambre de resaca, por eso como a las 12. Me alegro de que no haya comida deliciosa y grasienta, porque acabaría con ella de una sentada. Los bombones me tientan, pero me he prometido que esta navidad sólo comería 10. Estúpidas normas que me hacen sentirme segura.
Abro el tambor de la lavadora y tiendo la ropa fuera. Hay sol, y es agradable, pero una corriente de aire frío me traspasa el pijama y me da un escalofrío.
Tengo recuerdos alegres y divertidos, otros penosos y patéticos. Esto es la post-nochebuena, mi humor ha disminuido drásticamente, ya que lo único que me apetece es meterme en la cama y que llegue el 8 de enero.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Espíritu ¿navideño?
Se supone que cuando tu felicidad la pones, en manos de otras personas, la felicidad nunca llega o directamente, deja de existir.
También sé, que la felicidad no se regala así tan fácil, pero por pequeños detalles, ésta se va mermando y va perdiendo fuerza gotita a gotita, hasta que finalmente, deja de tener sentido su búsqueda y acabamos conformándonos con lo poco que nos reconforta.
A veces es un comentario, o dos, o una foto. En mi caso son las tres cosas. Y se me desmorona el frágil muro que he construido en torno a mi en cuestión de 5 minutos.
¿De quién es la culpa, entonces?
a)Mía, por no saber aceptar una crítica o simplemente, porque no se reírme de mí misma.
b)De los demás, por ser conocedores de mi susceptibilidad, sensibilidad o simplemente por ser gilipollas.
c)Un poco de ambas cosas, mi falta de autoestima y mis puntos débiles.
Si a todo eso le sumas la constante sensación de desconfianza que te produce todo el mundo, obtenemos como resultado equivalente, una auto-relación nefasta.
Sin darte cuenta te acostumbras a ser reservada, a guardarte esa parte de ti que no le interesa nadie o que a ti no te interesa mostrar, tu verdadero superyo.
Y se supone que es Navidad. Manda cojones.
También sé, que la felicidad no se regala así tan fácil, pero por pequeños detalles, ésta se va mermando y va perdiendo fuerza gotita a gotita, hasta que finalmente, deja de tener sentido su búsqueda y acabamos conformándonos con lo poco que nos reconforta.
A veces es un comentario, o dos, o una foto. En mi caso son las tres cosas. Y se me desmorona el frágil muro que he construido en torno a mi en cuestión de 5 minutos.
¿De quién es la culpa, entonces?
a)Mía, por no saber aceptar una crítica o simplemente, porque no se reírme de mí misma.
b)De los demás, por ser conocedores de mi susceptibilidad, sensibilidad o simplemente por ser gilipollas.
c)Un poco de ambas cosas, mi falta de autoestima y mis puntos débiles.
Si a todo eso le sumas la constante sensación de desconfianza que te produce todo el mundo, obtenemos como resultado equivalente, una auto-relación nefasta.
Sin darte cuenta te acostumbras a ser reservada, a guardarte esa parte de ti que no le interesa nadie o que a ti no te interesa mostrar, tu verdadero superyo.
Y se supone que es Navidad. Manda cojones.
martes, 16 de diciembre de 2014
Más sencillo de llevar.
Cuando más imposible crees que es una cosa, todos los rinconcitos de jovialidad van cayendo poco a poco al abismo de la destrucción; y sus huecos vacíos, se llenan de cinismo y decepción.
¿Cuándo te das cuenta de que has crecido?
Me apena pensar que ya no defiendo con rebeldía y vehemencia aquellas causas perdidas, pero que para mí eran una batalla que librar. Incluso cuando eran estupideces y guerrillas contra el sistema establecido, hasta en ese momento, por absurdo que fuera, le echaba cojones y peleaba.
Supongo que con la madurez, va volviendo el conformismo y entonces decides no ser diferente y adaptarte a lo que ya existe. Es más fácil e infinitamente más cómodo, pero no tiene nada de digno. Se maduran con los daños, no con los años, o eso leí en algún sitio, o en algún punto muerto de este 2014.
No puedo decir que haya sufrido auténtico dolor en este último tiempo, porque de alguna manera no lo recuerdo así. Será que la parte destinada a revivir el dolor, permanece adormecida en nuestros cerebros y nos impide recordar aquello que nos eriza la piel. O al menos así funciona el mío, porque lo cierto es que me cuesta mucho recordar el ''dolor'' primigenio.
Y cuando lo intento evocar, es como que algún botón de se activa y produce recuerdos edulcorados.
Más fácil, más sencillo de llevar.
Y hoy mientras estudiaba para el próximo examen que voy a suspender, me venía de nuevo aquella idea que me hizo abandonar en su momento. Una locura, pero una locura que aligera el peso del estómago y produce cosquillas. Una jovial locura.
¿Lo haré? ¿Lucharé de nuevo? Me hundiré de cabeza en esa piscina y buscaré mi sitio.
Me parece mentira estar donde estoy. Igual es un obstáculo más en la carrera, para llegar finalmente a mi sitio. Ojalá que si.
¿Cuándo te das cuenta de que has crecido?
Me apena pensar que ya no defiendo con rebeldía y vehemencia aquellas causas perdidas, pero que para mí eran una batalla que librar. Incluso cuando eran estupideces y guerrillas contra el sistema establecido, hasta en ese momento, por absurdo que fuera, le echaba cojones y peleaba.
Supongo que con la madurez, va volviendo el conformismo y entonces decides no ser diferente y adaptarte a lo que ya existe. Es más fácil e infinitamente más cómodo, pero no tiene nada de digno. Se maduran con los daños, no con los años, o eso leí en algún sitio, o en algún punto muerto de este 2014.
No puedo decir que haya sufrido auténtico dolor en este último tiempo, porque de alguna manera no lo recuerdo así. Será que la parte destinada a revivir el dolor, permanece adormecida en nuestros cerebros y nos impide recordar aquello que nos eriza la piel. O al menos así funciona el mío, porque lo cierto es que me cuesta mucho recordar el ''dolor'' primigenio.
Y cuando lo intento evocar, es como que algún botón de se activa y produce recuerdos edulcorados.
Más fácil, más sencillo de llevar.
Y hoy mientras estudiaba para el próximo examen que voy a suspender, me venía de nuevo aquella idea que me hizo abandonar en su momento. Una locura, pero una locura que aligera el peso del estómago y produce cosquillas. Una jovial locura.
¿Lo haré? ¿Lucharé de nuevo? Me hundiré de cabeza en esa piscina y buscaré mi sitio.
Me parece mentira estar donde estoy. Igual es un obstáculo más en la carrera, para llegar finalmente a mi sitio. Ojalá que si.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)