Cada vez me cuesta más escribir. Más que nada porque siento que estoy siendo extremadamente monotemática. A veces me cansa hablar, porque no quiero estar constantemente hablando del mismo tema.
Lo curioso es como ha reaccionado mi cerebro a esta situación. Bueno, situaciones. Me hace gracia porque de alguna manera, no es ni sana ni normal, pero me ayuda a seguir cuerda.
No sé que es lo que quiero conseguir ya, cuando seguir esperando no es una opción.
¿Esperar? ¿Para qué? ¿A qué?
Tengo momentos de lucidez y de desconexión, que me hacen vez las cosas con objetividad. Quizás esté más enganchada de lo que creía posible. Tengo demasiada dependencia de sus respuestas y eso no es saludable mentalmente hablando. No puedo estar esperando encontrármelo en todos sitios, por muy pequeño que sea esto. En ese aspecto quiero estar tranquila, no quiero que se me retuerza el estómago si veo una cabeza rubia. No quiero estar mirando por encima de la gente, a ver si ha venido. Es que no.
Tampoco quiero odiarlo. Simplemente quiero el vacío. Quiero indiferencia. ¿De qué me va a servir odiarlo? De todas formas, eso es sentir, gastar tiempo en sufrir. No.
No ha hecho nada que merezca que lo odie. Sólo ha sido sacar un montón de cosas que tenía dentro, más cosas de las que creía posible que yo pudiera tener. Pero no está mal, después de todo estoy viva. Un poco más jodida, pero viva. Increíblemente, vuelvo a llorar al leerme.
Quiero descansar de este tema.
Tengo tres exámenes que aprobar y una fiesta de graduación muy cerca. Físicamente me encuentro algo mejor, porque todos los días estoy andando unos 40-60 minutos. Las piernas me las noto más apretadas, desde luego. Pero luego está la puta deformación de mi cerebro, que hace que me vea aceptable a veces, imposible otras.
sábado, 6 de junio de 2015
domingo, 24 de mayo de 2015
Dando pena, vol3.
El tiempo pasa lentamente, pero, pasar, pasa. Y a veces se me hace jodidamente insoportable.
Volvimos a hablar y todo parecía bien, todo parecía quedar en una sana amistad y nada más.
Ja. Ilusa.
Como si no lo conociera de nada, volvió a jugármela. Me humillan sus juegos mentales, me hacen sentirme como una imbécil. Prometo, hasta que la meto. Menos mal, que me andé espabilada y no llegó a meter nada. Pero aún así, duele.
Si esto es amor, apesta. Yo creía que el amor, es sacar lo mejor de uno mismo, que te hace llenarte de alegría y de buen rollo, que todo se te hace un poquitín más fácil.
Pero este amor, es abusivo. Es violento, porque muchas veces no soy capaz de controlar lo que pienso y eso me aterra. Yo que siempre he sido una persona de mente cuadriculada.
Y me desgarra pensar que simplemente no hay nada más en su cabeza. Una atracción sexual muy fuerte, pero no tiene sentimientos por mi. Por mucho que me quiera vender la moto, sólo quiere que follemos y ya está. Porque se lo ha propuesto, porque no va a parar hasta conseguirlo.
Ahí es cuando le odio. Cuando no me creo ni la mitad de sus palabras, cuando veo que es un puto mentiroso y un liante. Y que soy gilipollas, porque me dejo llevar por cada uno de sus enrevesados pensamientos. No ha cambiado un ápice, sigue siendo el mismo cabroncete con suerte, con los ojos verdes y muy poca vergüenza. Odio en lo que me he convertido. En otra más.
No quiero verlo más, no quiero buscarlo más. No le importo nada, por eso no hace nada por mi. Es un maestro del yo. Vive por y para si mismo. Me doy asco por querer tener una persona así en mi vida.
Entonces es cuando se me hace fácil, cenar una puta cerveza y dormir.
Volvimos a hablar y todo parecía bien, todo parecía quedar en una sana amistad y nada más.
Ja. Ilusa.
Como si no lo conociera de nada, volvió a jugármela. Me humillan sus juegos mentales, me hacen sentirme como una imbécil. Prometo, hasta que la meto. Menos mal, que me andé espabilada y no llegó a meter nada. Pero aún así, duele.
Si esto es amor, apesta. Yo creía que el amor, es sacar lo mejor de uno mismo, que te hace llenarte de alegría y de buen rollo, que todo se te hace un poquitín más fácil.
Pero este amor, es abusivo. Es violento, porque muchas veces no soy capaz de controlar lo que pienso y eso me aterra. Yo que siempre he sido una persona de mente cuadriculada.
Y me desgarra pensar que simplemente no hay nada más en su cabeza. Una atracción sexual muy fuerte, pero no tiene sentimientos por mi. Por mucho que me quiera vender la moto, sólo quiere que follemos y ya está. Porque se lo ha propuesto, porque no va a parar hasta conseguirlo.
Ahí es cuando le odio. Cuando no me creo ni la mitad de sus palabras, cuando veo que es un puto mentiroso y un liante. Y que soy gilipollas, porque me dejo llevar por cada uno de sus enrevesados pensamientos. No ha cambiado un ápice, sigue siendo el mismo cabroncete con suerte, con los ojos verdes y muy poca vergüenza. Odio en lo que me he convertido. En otra más.
No quiero verlo más, no quiero buscarlo más. No le importo nada, por eso no hace nada por mi. Es un maestro del yo. Vive por y para si mismo. Me doy asco por querer tener una persona así en mi vida.
Entonces es cuando se me hace fácil, cenar una puta cerveza y dormir.
jueves, 7 de mayo de 2015
A veces, me cuesta creer que todo haya pasado realmente.
Hoy he tenido un sueño que me ha hecho mucho daño, un sueño en el que se cumplían mis expectativas.
Pocas veces, me he despertado con los ojos llenos de lágrimas, pero esta mañana ha sido una de esas veces.
He aguantado el desayuno, hasta que me he quedado sola y sólo entonces, he estado dispuesta a romper a llorar. Y yo que creía que había agotado mis reservas lacrimógenas...
Maldita ilusa.
Quiero que esto se pase, quiero que esto termine.
Sólo quiero dejar pasar los días y apagar la cabeza.
Tema físico, pues no lo sé. A veces aceptable, otras me encuentro como un trapo viejo y mojado, así que no estoy siendo muy objetiva.
Que corra el tiempo.
Hoy he tenido un sueño que me ha hecho mucho daño, un sueño en el que se cumplían mis expectativas.
Pocas veces, me he despertado con los ojos llenos de lágrimas, pero esta mañana ha sido una de esas veces.
He aguantado el desayuno, hasta que me he quedado sola y sólo entonces, he estado dispuesta a romper a llorar. Y yo que creía que había agotado mis reservas lacrimógenas...
Maldita ilusa.
Quiero que esto se pase, quiero que esto termine.
Sólo quiero dejar pasar los días y apagar la cabeza.
Tema físico, pues no lo sé. A veces aceptable, otras me encuentro como un trapo viejo y mojado, así que no estoy siendo muy objetiva.
Que corra el tiempo.
lunes, 4 de mayo de 2015
Dicen que cuando te rompen el corazón, sientes un dolor tan grande, que no se puede describir con palabras.
Yo digo que lo que se rompe, no es el corazón: es el estómago. Es notar como un cuchillo se atasca en el esófago. Es como tener un gancho alrededor de tu estómago, que es pesado y afilado, y se clava y arrastra con todo su peso, hacia las entrañas.
Y cuando tu estómago desaparece dentro de ti, no hay dolor, no queda nada. Entonces eres capaz de desconectar de una forma automática, digna de un yogui rozando el nirvana. Y te sientes libre pero a la vez más atada que nunca a tus emociones. Dejamos de ser nosotros mismos, para convertirnos en una especie de espectro que vive por inercia.
En algún momento de La sombra del viento, leí la frase ''hay peores cárceles que las palabras...''y no la comprendía, ahora la entiendo, aunque no en el contexto de la novela, la entiendo en mi infierno personal.
Mi cárcel, es mi cabeza. No dejo de hacerme preguntas cuya respuesta ya sé. Pero que en resumen, me sirven para no apagar la última llamita de fuego que me queda. La esperanza, esa hija de puta que nos mantiene siempre alerta, que nos da ganas de vivir. A mi, casi me las está quitando, con su insistencia, con sus ''y si..'', con sus ''pero dijo que me quería'', con sus ''dale tiempo, seguro que...''.
También es lo primero en lo que pienso cuando me despierto y en lo último antes de acostarme. Y no es una frase manida y pastelosa, no me siento orgullosa y feliz de escribirlo. Me siento estúpida y perdedora, porque muy dentro de mi, me he convertido en otra gilipollas más.
Llorar no lloro, al menos no con esa desesperación. Pero no puedo soportar ver muestras de cariño, no puedo escuchar algunas canciones, no . No lloro, pero noto de nuevo el gancho arañándome por dentro y no quiero quedarme vacía de nuevo.
Tengo que vivir mi vida. Tengo que seguir con mis estudios, con mi trabajo, con mis amigos.
Con todo esto, tengo un autoestima bajo mínimos. Procuro no mirarme en el espejo, pero no dejo de palparme la piel en busca de consuelo, buscando que haya menos espacio entre la piel y el hueso. Pero, nuevamente, otro fracaso más, así que a ratos me arrastro entre la pena y el autodesprecio.
Qué genialidad.
Yo digo que lo que se rompe, no es el corazón: es el estómago. Es notar como un cuchillo se atasca en el esófago. Es como tener un gancho alrededor de tu estómago, que es pesado y afilado, y se clava y arrastra con todo su peso, hacia las entrañas.
Y cuando tu estómago desaparece dentro de ti, no hay dolor, no queda nada. Entonces eres capaz de desconectar de una forma automática, digna de un yogui rozando el nirvana. Y te sientes libre pero a la vez más atada que nunca a tus emociones. Dejamos de ser nosotros mismos, para convertirnos en una especie de espectro que vive por inercia.
En algún momento de La sombra del viento, leí la frase ''hay peores cárceles que las palabras...''y no la comprendía, ahora la entiendo, aunque no en el contexto de la novela, la entiendo en mi infierno personal.
Mi cárcel, es mi cabeza. No dejo de hacerme preguntas cuya respuesta ya sé. Pero que en resumen, me sirven para no apagar la última llamita de fuego que me queda. La esperanza, esa hija de puta que nos mantiene siempre alerta, que nos da ganas de vivir. A mi, casi me las está quitando, con su insistencia, con sus ''y si..'', con sus ''pero dijo que me quería'', con sus ''dale tiempo, seguro que...''.
También es lo primero en lo que pienso cuando me despierto y en lo último antes de acostarme. Y no es una frase manida y pastelosa, no me siento orgullosa y feliz de escribirlo. Me siento estúpida y perdedora, porque muy dentro de mi, me he convertido en otra gilipollas más.
Llorar no lloro, al menos no con esa desesperación. Pero no puedo soportar ver muestras de cariño, no puedo escuchar algunas canciones, no . No lloro, pero noto de nuevo el gancho arañándome por dentro y no quiero quedarme vacía de nuevo.
Tengo que vivir mi vida. Tengo que seguir con mis estudios, con mi trabajo, con mis amigos.
Con todo esto, tengo un autoestima bajo mínimos. Procuro no mirarme en el espejo, pero no dejo de palparme la piel en busca de consuelo, buscando que haya menos espacio entre la piel y el hueso. Pero, nuevamente, otro fracaso más, así que a ratos me arrastro entre la pena y el autodesprecio.
Qué genialidad.
miércoles, 29 de abril de 2015
Creo que se acabó.
Eso creo. Que ya no me quedan más motivos para luchar. Ya he puesto las cartas sobre la mesa y él las ha tirado al suelo de un manotazo. Creo que ya no voy a ser la misma nunca más.
El problema es que lo he visto hundido. Y me aterra que esté mal, sabiendo que yo puedo hacer todo lo posible por que sea feliz. Pero, no.
Me autoengaño pensando en que no me quiere. No me quiere. No me quiere. Me lo repito cien veces al día, me lo tatuaría a conciencia hasta que me quedase claro. Hasta que mi cabeza no parase de repetir la misma secuencia del sábado noche, una y otra vez.
El alcohol. Las lágrimas. Abrazos. Besos. Susurros.
Estoy acabada.
El problema es que lo he visto hundido. Y me aterra que esté mal, sabiendo que yo puedo hacer todo lo posible por que sea feliz. Pero, no.
Me autoengaño pensando en que no me quiere. No me quiere. No me quiere. Me lo repito cien veces al día, me lo tatuaría a conciencia hasta que me quedase claro. Hasta que mi cabeza no parase de repetir la misma secuencia del sábado noche, una y otra vez.
El alcohol. Las lágrimas. Abrazos. Besos. Susurros.
Estoy acabada.
sábado, 18 de abril de 2015
Pasaba por aquí.
Están siendo unas semanas muy estresantes. Muchos días me apetece escribir, pero cuando llego a casa a las once de la noche, después de haber trabajado durante 10 horas, no me apetece en absoluto encender el portátil y ponerme a pensar.
Este estrés, lo estoy pagando con mi autoestima y con la comida, lo bueno de todo esto, es que cuando como sé perfectamente porqué lo hago, cuando antes tenía ansia por comer, normalmente me atiborraba sin saber el motivo.
El comer viene motivado por el trabajo que tengo, en el que estoy completamente rodeada de chuches y comida basura y son muchas horas muertas, en las que la decepción y el aburrimiento hace de las suyas.
Ya no quiero dejar de picotear ese tipo de comida por la cantidad de calorías vacías que tiene, también lo hago por mi salud. No quiero estar llenando mi cuerpo con esa basura, que no tiene ningún tipo de aporte energético o saludable.
También las discusiones que tengo con mi madre, hacen bastante. Y no son unas discusiones normales, son discusiones que pueden durar 5 horas perfectamente y no es una charla para nada amistosa o tranquila. Hay de todo, reproches, gritos, lágrimas, más gritos, portazos.
Yo sé que hay muchas cosas en las que todavía no he madurado, pero también hay muchas cosas que ella no está haciendo bien y que carga a mis espaldas, y de ahí parten las discusiones más fuertes.
Por eso muchas veces, llego y me voy directamente a la cama, porque sinceramente no tengo ganas de hablar de algo que acabe en una súperdiscusión épica.
Lo bueno, es que en las clases me está yendo bastante bien, sobretodo, porque he cambiado la actitud y quiero terminar bien. Yo sé que muchos de mis problemas, están cimentados en una falta de actitud positiva increíble, pero es lo que pasa cuando te rodeas de gente que está continuamente lamentándose por todo. Que te envuelve un aura de energía negativa y pesimismo plomiza y no te deja tener esperanzas.
Aunque bueno, secretamente las tengo, pero prefiero no decírselo a nadie.
Este estrés, lo estoy pagando con mi autoestima y con la comida, lo bueno de todo esto, es que cuando como sé perfectamente porqué lo hago, cuando antes tenía ansia por comer, normalmente me atiborraba sin saber el motivo.
El comer viene motivado por el trabajo que tengo, en el que estoy completamente rodeada de chuches y comida basura y son muchas horas muertas, en las que la decepción y el aburrimiento hace de las suyas.
Ya no quiero dejar de picotear ese tipo de comida por la cantidad de calorías vacías que tiene, también lo hago por mi salud. No quiero estar llenando mi cuerpo con esa basura, que no tiene ningún tipo de aporte energético o saludable.
También las discusiones que tengo con mi madre, hacen bastante. Y no son unas discusiones normales, son discusiones que pueden durar 5 horas perfectamente y no es una charla para nada amistosa o tranquila. Hay de todo, reproches, gritos, lágrimas, más gritos, portazos.
Yo sé que hay muchas cosas en las que todavía no he madurado, pero también hay muchas cosas que ella no está haciendo bien y que carga a mis espaldas, y de ahí parten las discusiones más fuertes.
Por eso muchas veces, llego y me voy directamente a la cama, porque sinceramente no tengo ganas de hablar de algo que acabe en una súperdiscusión épica.
Lo bueno, es que en las clases me está yendo bastante bien, sobretodo, porque he cambiado la actitud y quiero terminar bien. Yo sé que muchos de mis problemas, están cimentados en una falta de actitud positiva increíble, pero es lo que pasa cuando te rodeas de gente que está continuamente lamentándose por todo. Que te envuelve un aura de energía negativa y pesimismo plomiza y no te deja tener esperanzas.
Aunque bueno, secretamente las tengo, pero prefiero no decírselo a nadie.
domingo, 5 de abril de 2015
Penosilla.
A veces me cuesta ser constante. Toda la vida me ha pasado igual, tengo un interés naciente por algo, pero enseguida, cuando he descubierto como funciona o qué me aporta, pierdo las ganas.
Con la gente cada vez me va pasando igual.
Leí en alguna parte que las mujeres nos creemos capaces de ver en los corazones de las demás personas, especialmente en el corazón de los hombres. Que nos creemos capaces de entender sus pasiones, sus forma de amar, de querernos y de querer a otros. Pero yo no creo que eso sea así, personalmente creo que es mejor no saber exactamente como funciona todo, porque perdería la ilusión de mantenerme al lado de alguien del cual sabes absolutamente todo. Parece un pensamiento muy simplemente, lo que se traduce en mantener vivo el misterio. Pero detrás de esa simple teoría, es esconde un complejo mecanismo. ¿Cómo haces que una persona te sea interesante? En el momento en el que te plantees esta pregunta, l@ has perdido para siempre.
Estoy de un humor de resaca, aunque no he bebido nada desde hace un par de días. Necesito desintoxicación mental. Me va bien o eso creo, pero los domingos me alteran el humor. Llevo toda la semana con la mano hinchada, no sé que ha podido pasar, ayer me dolían incluso los dedos. Hoy por suerte parece haberse desinflamado algo. Mi plan de ayer por la tarde, consistió en bichear Instagram y ver la tele a medias. Me quedé viendo ''El indomable Will Hunting'' porque él se parece un poco a Matt Damon de joven. Ahora lo veo muy poco, una vez cada tres meses y siempre es de pasada. Me apena que ya no me tenga las mismas ganas que antes. Pero es mejor. La otra historia se fue a la mierda, porque resultó ser otro gilipollas de manual. No tengo suerte en absoluto, o sólo me atraen las causas perdidas, por lo visto.
Con la gente cada vez me va pasando igual.
Leí en alguna parte que las mujeres nos creemos capaces de ver en los corazones de las demás personas, especialmente en el corazón de los hombres. Que nos creemos capaces de entender sus pasiones, sus forma de amar, de querernos y de querer a otros. Pero yo no creo que eso sea así, personalmente creo que es mejor no saber exactamente como funciona todo, porque perdería la ilusión de mantenerme al lado de alguien del cual sabes absolutamente todo. Parece un pensamiento muy simplemente, lo que se traduce en mantener vivo el misterio. Pero detrás de esa simple teoría, es esconde un complejo mecanismo. ¿Cómo haces que una persona te sea interesante? En el momento en el que te plantees esta pregunta, l@ has perdido para siempre.
Estoy de un humor de resaca, aunque no he bebido nada desde hace un par de días. Necesito desintoxicación mental. Me va bien o eso creo, pero los domingos me alteran el humor. Llevo toda la semana con la mano hinchada, no sé que ha podido pasar, ayer me dolían incluso los dedos. Hoy por suerte parece haberse desinflamado algo. Mi plan de ayer por la tarde, consistió en bichear Instagram y ver la tele a medias. Me quedé viendo ''El indomable Will Hunting'' porque él se parece un poco a Matt Damon de joven. Ahora lo veo muy poco, una vez cada tres meses y siempre es de pasada. Me apena que ya no me tenga las mismas ganas que antes. Pero es mejor. La otra historia se fue a la mierda, porque resultó ser otro gilipollas de manual. No tengo suerte en absoluto, o sólo me atraen las causas perdidas, por lo visto.
Por cierto, hoy hace tres meses que no fumo. Bien por mí.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
