La primera vez que de verdad me giré para ver un esqueleto andante tendría unos doce años.
Iba por una de las calles más céntricas de mi pueblo, acompañada de mi madre.
Y entonces la ví. No era una chiquilla en absoluto, tendría unos 25 años. Era muy alta o al menos, desde mi dimensión, lo era.
Tenía el pelo rubio, cortado a la moda de entonces, a escala desordenada, liso y le caía por los hombros.
Era guapa. De rasgos afilados, tenía los pómulos sobresalientes, la barbilla fina. La nariz era pequeña y puntiaguda. Su boca era grande, de labios gruesos y ojos grandes y rajados.
Para mí, era guapísima, pero lo que más impacto (y admiración) me produjo fue su canónico cuerpo.
Llevaba unos pantalones de cintura baja con lo cual los huesos de las caderas se le asomaban con elegancia. A cada paso que daba, casi podía notar su piel siendo rasgada por esos huesos. También yo habría suspirado por esos huesos.
Y lo mejor no era eso, era que llevaba un top de licra muy ceñido bajo el cual se adivinaban unas costillas bien marcadas y definidas.
El escote le hacía un pecho pequeño, pero prieto, que adornaba su cuello con un collar de clavículas que nacían desde el centro hasta casi el fin de los hombros.
Y caminaba con una seguridad apabullante, mirando por encima del hombro, absolutamente a todo el mundo.
Y yo quería ser ella, con mis doce añitos y mis diez kilos de más.
Mi madre hizo un comentario despectivo al verla, con un tono de total desaprobación, pero yo ya me había enamorado.
Y creo que desde entonces estoy tratando de encontrarme con ella.
No me he parado a pensar en lo que marcó aquella mujer mi vida hasta que he rescatado este recuerdo.
Mis ídolos, mis gustos, mis metas, mi estética, al final ha estado relacionada intrínsecamente con esa mujer.
10 años después.
lunes, 17 de agosto de 2015
domingo, 2 de agosto de 2015
De vuelta de vacaciones.
Dicen que todos los viajes aportan algo. Durante mi adolescencia y mi escasa vida adulta, he intentado mantener ese mantra y no volverme a casa sólo con el moreno en la piel y la resaca.
Y es que he estado seis días fueras de mi casi-ciudad y en los que he tenido un poco de todo.
Pero, sobretodo me vengo con muchas ideas de vuelta en la maleta.
Siempre que vengo de algún sitio, paso unos días un poco agridulces. Amo mis rutinas, y me encanta estar de vuelta y volver a tener que organizar absolutamente todo, pero es inevitable echar de menos estar en la calle hasta las mil, la playa, el sol... todas esas cosas que quieras o no, significan estar de vacaciones.
Sin embargo, cuando sales fuera de tu casa, de tu entorno, de la familia, es cuando te das cuenta de muchas otras cosas, que están siendo maquilladas por tu vida cotidiana.
Yo no soy igual que mis amigos, me explico: todos tenemos la misma edad (21-22 años), pero a nivel mental cada uno estamos en una etapa completamente opuesta.
Creo y siento, que yo no tengo 22 años mentales. Lo pienso yo, y lo piensan ellos. También me lo dijeron un par de ocasiones allí donde estuvimos. Esto se debe principalmente a varias razones, pero la que más es que llevo siendo una señora responsable toda mi vida. Y ahora al tener que trabajar, pagar facturas, hacer números, pues todavía más.
Y creo que ellos viven en una adolescencia póstuma. Aún no se han dado cuenta de que los 18 ya pasaron y que lo mismo que hay momentos para el desfase, el alcohol y las risas, hay que ponerse serios de vez en cuando.
Y ahí es donde viene la segunda idea. Mi círculo son ellos. Y no me molesta, pero tengo más dependencia yo de ellos, que ellos de mi. Y ni si quiera sé si la palabra es dependencia. Lo que en realidad pasa, es que creo que estoy luchando mucho por cuidar la relación, por ser comprensiva, por preocuparme en exceso y no estoy recibiendo el mismo trato por esa parte.
Y la amistad se supone que es algo altruista, pero creo que con el tiempo, lo he convertido en un trabajo a jornada completa, en el que si me esfuerzo, exijo mi recompensa.
Mi concepto de amistad es erróneo. Por eso creo que este aspecto, lo debo cambiar para evitar futuros enfrentamientos y posibles decepciones. Que de eso también vengo servida.
Y la tercera idea tiene mucho que ver con la segunda, aunque creo que se merece una mención especial y aparte.Un poquito de egoísmo y egocentrismo en lata, por favor. Puede parecer irónico, cuando este blog, es puro egocentrismo, pero nada más lejos de la realidad, en mi vida normal no soy nada egocéntrica. Y no es algo que proclame con orgullo, al revés. Me da coraje, porque cuando tengo que sacar un poco los dientes, mirarme el ombligo y ser un poco diva, es cuando, pierdo totalmente mi identidad en favor de otros. Para evitar mal rollo o malos ratos.
Y básicamente en eso se han resumido mis vacaciones. No tengo queja, me lo he pasado realmente bien, he reído tanto hasta casi vomitar. Me he emborrachado cada noche. He bailado hasta que mis rodillas han protestado. He tomado el sol, he dormido y he comido lo que he querido. He caminado sola por la playa, he hecho fotos. He tenido tiempo para descansar y pensar. Y ahora, a seguir.
Y es que he estado seis días fueras de mi casi-ciudad y en los que he tenido un poco de todo.
Pero, sobretodo me vengo con muchas ideas de vuelta en la maleta.
Siempre que vengo de algún sitio, paso unos días un poco agridulces. Amo mis rutinas, y me encanta estar de vuelta y volver a tener que organizar absolutamente todo, pero es inevitable echar de menos estar en la calle hasta las mil, la playa, el sol... todas esas cosas que quieras o no, significan estar de vacaciones.
Sin embargo, cuando sales fuera de tu casa, de tu entorno, de la familia, es cuando te das cuenta de muchas otras cosas, que están siendo maquilladas por tu vida cotidiana.
Yo no soy igual que mis amigos, me explico: todos tenemos la misma edad (21-22 años), pero a nivel mental cada uno estamos en una etapa completamente opuesta.
Creo y siento, que yo no tengo 22 años mentales. Lo pienso yo, y lo piensan ellos. También me lo dijeron un par de ocasiones allí donde estuvimos. Esto se debe principalmente a varias razones, pero la que más es que llevo siendo una señora responsable toda mi vida. Y ahora al tener que trabajar, pagar facturas, hacer números, pues todavía más.
Y creo que ellos viven en una adolescencia póstuma. Aún no se han dado cuenta de que los 18 ya pasaron y que lo mismo que hay momentos para el desfase, el alcohol y las risas, hay que ponerse serios de vez en cuando.
Y ahí es donde viene la segunda idea. Mi círculo son ellos. Y no me molesta, pero tengo más dependencia yo de ellos, que ellos de mi. Y ni si quiera sé si la palabra es dependencia. Lo que en realidad pasa, es que creo que estoy luchando mucho por cuidar la relación, por ser comprensiva, por preocuparme en exceso y no estoy recibiendo el mismo trato por esa parte.
Y la amistad se supone que es algo altruista, pero creo que con el tiempo, lo he convertido en un trabajo a jornada completa, en el que si me esfuerzo, exijo mi recompensa.
Mi concepto de amistad es erróneo. Por eso creo que este aspecto, lo debo cambiar para evitar futuros enfrentamientos y posibles decepciones. Que de eso también vengo servida.
Y la tercera idea tiene mucho que ver con la segunda, aunque creo que se merece una mención especial y aparte.Un poquito de egoísmo y egocentrismo en lata, por favor. Puede parecer irónico, cuando este blog, es puro egocentrismo, pero nada más lejos de la realidad, en mi vida normal no soy nada egocéntrica. Y no es algo que proclame con orgullo, al revés. Me da coraje, porque cuando tengo que sacar un poco los dientes, mirarme el ombligo y ser un poco diva, es cuando, pierdo totalmente mi identidad en favor de otros. Para evitar mal rollo o malos ratos.
Y básicamente en eso se han resumido mis vacaciones. No tengo queja, me lo he pasado realmente bien, he reído tanto hasta casi vomitar. Me he emborrachado cada noche. He bailado hasta que mis rodillas han protestado. He tomado el sol, he dormido y he comido lo que he querido. He caminado sola por la playa, he hecho fotos. He tenido tiempo para descansar y pensar. Y ahora, a seguir.
domingo, 5 de julio de 2015
A veces tengo momentos de lucidez en la bruma de mi cabeza.
Hoy estando sola en la piscina, sin más sonido que el de las chicharras cantando, he tenido uno. He cerrado los ojos durante unos minutos para hablar conmigo.
Celebré mi cumpleaños ayer, osea que ya oficialmente he cumplido 22. Y me gusta hacer balance cada cumpleaños que pasa. ¿Qué ha cambiado en un año? Físicamente hay cambios, eso es notable. Poco a poco se van borrando de mi cara las pocas líneas y señales de mi adolescencia que me quedan. Mi cuerpo sigue siendo joven e imperfecto, pero poco a poco voy queriendolo un poquito más cada día.
Y mentalmente es otro mundo. En algunas cosas he ganado, en otras he perdido, pero siempre, siempre, he aprendido la lección. Eso me gusta de mí.
He intentado involucrarme en dos relaciones este año, pero por h o por b, no ha salido bien en ningún caso. Una por tener demasiada historia en común y otra por terceros y personajes ajenos que al final han envenenado las buenas intenciones.
En ese aspecto he aprendido que :
-1. Nunca hay que dejarse de lado a uno mismo por completo. El que se entrega entero, jamás regresa entero.
-2.Que lo que haga tu mano derecha, no lo sepa tu mano izquierda. En estos temas es mejor que el número de personas sea mínimo, porque al final todo se acaba liando de mala manera.
-3.Llorar no es de cobardes. Llorar es de estar vivo y es una manera excelente de desahogarse y gratis.
-4.Los palos o desengaños que nos dan, son una oportunidad única para tomar buenas decisiones. La mayoría tajantes y definitivas, pero mejor para un@ mismo.
-5. Los chupadores de buen rollo y de positivismo, buscadores de psicólogos gratuitos, que se vsyan a pastar al campo.
Así que en ello estoy. Y me parece mentira que hoy lo vea todo así, cuando hasta hace unas semanas, vivía adormecidasin hacer ningún caso a todo esto.
Me alegro de estar así hoy.
Hoy estando sola en la piscina, sin más sonido que el de las chicharras cantando, he tenido uno. He cerrado los ojos durante unos minutos para hablar conmigo.
Celebré mi cumpleaños ayer, osea que ya oficialmente he cumplido 22. Y me gusta hacer balance cada cumpleaños que pasa. ¿Qué ha cambiado en un año? Físicamente hay cambios, eso es notable. Poco a poco se van borrando de mi cara las pocas líneas y señales de mi adolescencia que me quedan. Mi cuerpo sigue siendo joven e imperfecto, pero poco a poco voy queriendolo un poquito más cada día.
Y mentalmente es otro mundo. En algunas cosas he ganado, en otras he perdido, pero siempre, siempre, he aprendido la lección. Eso me gusta de mí.
He intentado involucrarme en dos relaciones este año, pero por h o por b, no ha salido bien en ningún caso. Una por tener demasiada historia en común y otra por terceros y personajes ajenos que al final han envenenado las buenas intenciones.
En ese aspecto he aprendido que :
-1. Nunca hay que dejarse de lado a uno mismo por completo. El que se entrega entero, jamás regresa entero.
-2.Que lo que haga tu mano derecha, no lo sepa tu mano izquierda. En estos temas es mejor que el número de personas sea mínimo, porque al final todo se acaba liando de mala manera.
-3.Llorar no es de cobardes. Llorar es de estar vivo y es una manera excelente de desahogarse y gratis.
-4.Los palos o desengaños que nos dan, son una oportunidad única para tomar buenas decisiones. La mayoría tajantes y definitivas, pero mejor para un@ mismo.
-5. Los chupadores de buen rollo y de positivismo, buscadores de psicólogos gratuitos, que se vsyan a pastar al campo.
Así que en ello estoy. Y me parece mentira que hoy lo vea todo así, cuando hasta hace unas semanas, vivía adormecidasin hacer ningún caso a todo esto.
Me alegro de estar así hoy.
sábado, 6 de junio de 2015
¿Qué voy a hacer? Je ne sais pas.
Cada vez me cuesta más escribir. Más que nada porque siento que estoy siendo extremadamente monotemática. A veces me cansa hablar, porque no quiero estar constantemente hablando del mismo tema.
Lo curioso es como ha reaccionado mi cerebro a esta situación. Bueno, situaciones. Me hace gracia porque de alguna manera, no es ni sana ni normal, pero me ayuda a seguir cuerda.
No sé que es lo que quiero conseguir ya, cuando seguir esperando no es una opción.
¿Esperar? ¿Para qué? ¿A qué?
Tengo momentos de lucidez y de desconexión, que me hacen vez las cosas con objetividad. Quizás esté más enganchada de lo que creía posible. Tengo demasiada dependencia de sus respuestas y eso no es saludable mentalmente hablando. No puedo estar esperando encontrármelo en todos sitios, por muy pequeño que sea esto. En ese aspecto quiero estar tranquila, no quiero que se me retuerza el estómago si veo una cabeza rubia. No quiero estar mirando por encima de la gente, a ver si ha venido. Es que no.
Tampoco quiero odiarlo. Simplemente quiero el vacío. Quiero indiferencia. ¿De qué me va a servir odiarlo? De todas formas, eso es sentir, gastar tiempo en sufrir. No.
No ha hecho nada que merezca que lo odie. Sólo ha sido sacar un montón de cosas que tenía dentro, más cosas de las que creía posible que yo pudiera tener. Pero no está mal, después de todo estoy viva. Un poco más jodida, pero viva. Increíblemente, vuelvo a llorar al leerme.
Quiero descansar de este tema.
Tengo tres exámenes que aprobar y una fiesta de graduación muy cerca. Físicamente me encuentro algo mejor, porque todos los días estoy andando unos 40-60 minutos. Las piernas me las noto más apretadas, desde luego. Pero luego está la puta deformación de mi cerebro, que hace que me vea aceptable a veces, imposible otras.
Lo curioso es como ha reaccionado mi cerebro a esta situación. Bueno, situaciones. Me hace gracia porque de alguna manera, no es ni sana ni normal, pero me ayuda a seguir cuerda.
No sé que es lo que quiero conseguir ya, cuando seguir esperando no es una opción.
¿Esperar? ¿Para qué? ¿A qué?
Tengo momentos de lucidez y de desconexión, que me hacen vez las cosas con objetividad. Quizás esté más enganchada de lo que creía posible. Tengo demasiada dependencia de sus respuestas y eso no es saludable mentalmente hablando. No puedo estar esperando encontrármelo en todos sitios, por muy pequeño que sea esto. En ese aspecto quiero estar tranquila, no quiero que se me retuerza el estómago si veo una cabeza rubia. No quiero estar mirando por encima de la gente, a ver si ha venido. Es que no.
Tampoco quiero odiarlo. Simplemente quiero el vacío. Quiero indiferencia. ¿De qué me va a servir odiarlo? De todas formas, eso es sentir, gastar tiempo en sufrir. No.
No ha hecho nada que merezca que lo odie. Sólo ha sido sacar un montón de cosas que tenía dentro, más cosas de las que creía posible que yo pudiera tener. Pero no está mal, después de todo estoy viva. Un poco más jodida, pero viva. Increíblemente, vuelvo a llorar al leerme.
Quiero descansar de este tema.
Tengo tres exámenes que aprobar y una fiesta de graduación muy cerca. Físicamente me encuentro algo mejor, porque todos los días estoy andando unos 40-60 minutos. Las piernas me las noto más apretadas, desde luego. Pero luego está la puta deformación de mi cerebro, que hace que me vea aceptable a veces, imposible otras.
domingo, 24 de mayo de 2015
Dando pena, vol3.
El tiempo pasa lentamente, pero, pasar, pasa. Y a veces se me hace jodidamente insoportable.
Volvimos a hablar y todo parecía bien, todo parecía quedar en una sana amistad y nada más.
Ja. Ilusa.
Como si no lo conociera de nada, volvió a jugármela. Me humillan sus juegos mentales, me hacen sentirme como una imbécil. Prometo, hasta que la meto. Menos mal, que me andé espabilada y no llegó a meter nada. Pero aún así, duele.
Si esto es amor, apesta. Yo creía que el amor, es sacar lo mejor de uno mismo, que te hace llenarte de alegría y de buen rollo, que todo se te hace un poquitín más fácil.
Pero este amor, es abusivo. Es violento, porque muchas veces no soy capaz de controlar lo que pienso y eso me aterra. Yo que siempre he sido una persona de mente cuadriculada.
Y me desgarra pensar que simplemente no hay nada más en su cabeza. Una atracción sexual muy fuerte, pero no tiene sentimientos por mi. Por mucho que me quiera vender la moto, sólo quiere que follemos y ya está. Porque se lo ha propuesto, porque no va a parar hasta conseguirlo.
Ahí es cuando le odio. Cuando no me creo ni la mitad de sus palabras, cuando veo que es un puto mentiroso y un liante. Y que soy gilipollas, porque me dejo llevar por cada uno de sus enrevesados pensamientos. No ha cambiado un ápice, sigue siendo el mismo cabroncete con suerte, con los ojos verdes y muy poca vergüenza. Odio en lo que me he convertido. En otra más.
No quiero verlo más, no quiero buscarlo más. No le importo nada, por eso no hace nada por mi. Es un maestro del yo. Vive por y para si mismo. Me doy asco por querer tener una persona así en mi vida.
Entonces es cuando se me hace fácil, cenar una puta cerveza y dormir.
Volvimos a hablar y todo parecía bien, todo parecía quedar en una sana amistad y nada más.
Ja. Ilusa.
Como si no lo conociera de nada, volvió a jugármela. Me humillan sus juegos mentales, me hacen sentirme como una imbécil. Prometo, hasta que la meto. Menos mal, que me andé espabilada y no llegó a meter nada. Pero aún así, duele.
Si esto es amor, apesta. Yo creía que el amor, es sacar lo mejor de uno mismo, que te hace llenarte de alegría y de buen rollo, que todo se te hace un poquitín más fácil.
Pero este amor, es abusivo. Es violento, porque muchas veces no soy capaz de controlar lo que pienso y eso me aterra. Yo que siempre he sido una persona de mente cuadriculada.
Y me desgarra pensar que simplemente no hay nada más en su cabeza. Una atracción sexual muy fuerte, pero no tiene sentimientos por mi. Por mucho que me quiera vender la moto, sólo quiere que follemos y ya está. Porque se lo ha propuesto, porque no va a parar hasta conseguirlo.
Ahí es cuando le odio. Cuando no me creo ni la mitad de sus palabras, cuando veo que es un puto mentiroso y un liante. Y que soy gilipollas, porque me dejo llevar por cada uno de sus enrevesados pensamientos. No ha cambiado un ápice, sigue siendo el mismo cabroncete con suerte, con los ojos verdes y muy poca vergüenza. Odio en lo que me he convertido. En otra más.
No quiero verlo más, no quiero buscarlo más. No le importo nada, por eso no hace nada por mi. Es un maestro del yo. Vive por y para si mismo. Me doy asco por querer tener una persona así en mi vida.
Entonces es cuando se me hace fácil, cenar una puta cerveza y dormir.
jueves, 7 de mayo de 2015
A veces, me cuesta creer que todo haya pasado realmente.
Hoy he tenido un sueño que me ha hecho mucho daño, un sueño en el que se cumplían mis expectativas.
Pocas veces, me he despertado con los ojos llenos de lágrimas, pero esta mañana ha sido una de esas veces.
He aguantado el desayuno, hasta que me he quedado sola y sólo entonces, he estado dispuesta a romper a llorar. Y yo que creía que había agotado mis reservas lacrimógenas...
Maldita ilusa.
Quiero que esto se pase, quiero que esto termine.
Sólo quiero dejar pasar los días y apagar la cabeza.
Tema físico, pues no lo sé. A veces aceptable, otras me encuentro como un trapo viejo y mojado, así que no estoy siendo muy objetiva.
Que corra el tiempo.
Hoy he tenido un sueño que me ha hecho mucho daño, un sueño en el que se cumplían mis expectativas.
Pocas veces, me he despertado con los ojos llenos de lágrimas, pero esta mañana ha sido una de esas veces.
He aguantado el desayuno, hasta que me he quedado sola y sólo entonces, he estado dispuesta a romper a llorar. Y yo que creía que había agotado mis reservas lacrimógenas...
Maldita ilusa.
Quiero que esto se pase, quiero que esto termine.
Sólo quiero dejar pasar los días y apagar la cabeza.
Tema físico, pues no lo sé. A veces aceptable, otras me encuentro como un trapo viejo y mojado, así que no estoy siendo muy objetiva.
Que corra el tiempo.
lunes, 4 de mayo de 2015
Dicen que cuando te rompen el corazón, sientes un dolor tan grande, que no se puede describir con palabras.
Yo digo que lo que se rompe, no es el corazón: es el estómago. Es notar como un cuchillo se atasca en el esófago. Es como tener un gancho alrededor de tu estómago, que es pesado y afilado, y se clava y arrastra con todo su peso, hacia las entrañas.
Y cuando tu estómago desaparece dentro de ti, no hay dolor, no queda nada. Entonces eres capaz de desconectar de una forma automática, digna de un yogui rozando el nirvana. Y te sientes libre pero a la vez más atada que nunca a tus emociones. Dejamos de ser nosotros mismos, para convertirnos en una especie de espectro que vive por inercia.
En algún momento de La sombra del viento, leí la frase ''hay peores cárceles que las palabras...''y no la comprendía, ahora la entiendo, aunque no en el contexto de la novela, la entiendo en mi infierno personal.
Mi cárcel, es mi cabeza. No dejo de hacerme preguntas cuya respuesta ya sé. Pero que en resumen, me sirven para no apagar la última llamita de fuego que me queda. La esperanza, esa hija de puta que nos mantiene siempre alerta, que nos da ganas de vivir. A mi, casi me las está quitando, con su insistencia, con sus ''y si..'', con sus ''pero dijo que me quería'', con sus ''dale tiempo, seguro que...''.
También es lo primero en lo que pienso cuando me despierto y en lo último antes de acostarme. Y no es una frase manida y pastelosa, no me siento orgullosa y feliz de escribirlo. Me siento estúpida y perdedora, porque muy dentro de mi, me he convertido en otra gilipollas más.
Llorar no lloro, al menos no con esa desesperación. Pero no puedo soportar ver muestras de cariño, no puedo escuchar algunas canciones, no . No lloro, pero noto de nuevo el gancho arañándome por dentro y no quiero quedarme vacía de nuevo.
Tengo que vivir mi vida. Tengo que seguir con mis estudios, con mi trabajo, con mis amigos.
Con todo esto, tengo un autoestima bajo mínimos. Procuro no mirarme en el espejo, pero no dejo de palparme la piel en busca de consuelo, buscando que haya menos espacio entre la piel y el hueso. Pero, nuevamente, otro fracaso más, así que a ratos me arrastro entre la pena y el autodesprecio.
Qué genialidad.
Yo digo que lo que se rompe, no es el corazón: es el estómago. Es notar como un cuchillo se atasca en el esófago. Es como tener un gancho alrededor de tu estómago, que es pesado y afilado, y se clava y arrastra con todo su peso, hacia las entrañas.
Y cuando tu estómago desaparece dentro de ti, no hay dolor, no queda nada. Entonces eres capaz de desconectar de una forma automática, digna de un yogui rozando el nirvana. Y te sientes libre pero a la vez más atada que nunca a tus emociones. Dejamos de ser nosotros mismos, para convertirnos en una especie de espectro que vive por inercia.
En algún momento de La sombra del viento, leí la frase ''hay peores cárceles que las palabras...''y no la comprendía, ahora la entiendo, aunque no en el contexto de la novela, la entiendo en mi infierno personal.
Mi cárcel, es mi cabeza. No dejo de hacerme preguntas cuya respuesta ya sé. Pero que en resumen, me sirven para no apagar la última llamita de fuego que me queda. La esperanza, esa hija de puta que nos mantiene siempre alerta, que nos da ganas de vivir. A mi, casi me las está quitando, con su insistencia, con sus ''y si..'', con sus ''pero dijo que me quería'', con sus ''dale tiempo, seguro que...''.
También es lo primero en lo que pienso cuando me despierto y en lo último antes de acostarme. Y no es una frase manida y pastelosa, no me siento orgullosa y feliz de escribirlo. Me siento estúpida y perdedora, porque muy dentro de mi, me he convertido en otra gilipollas más.
Llorar no lloro, al menos no con esa desesperación. Pero no puedo soportar ver muestras de cariño, no puedo escuchar algunas canciones, no . No lloro, pero noto de nuevo el gancho arañándome por dentro y no quiero quedarme vacía de nuevo.
Tengo que vivir mi vida. Tengo que seguir con mis estudios, con mi trabajo, con mis amigos.
Con todo esto, tengo un autoestima bajo mínimos. Procuro no mirarme en el espejo, pero no dejo de palparme la piel en busca de consuelo, buscando que haya menos espacio entre la piel y el hueso. Pero, nuevamente, otro fracaso más, así que a ratos me arrastro entre la pena y el autodesprecio.
Qué genialidad.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)