¿Sabes esa sensación de cuando escuchas una canción que amabas y te sientes como en casa? Pues eso me pasa con este blog.
Releer, en muchos casos me resulta perjudicial, porque revivo momentos que me gustaría olvidar, pero, también son pequeñeces que han formado parte de mi en algún momento de esta vida.
En todo este tiempo que llevo sin dejar señales de vida, han pasado muchísimas cosas.
Temas de salud, temas de trabajo, incluso hay pinceladas románticas.
Lo bueno de todo esto, es que no suelo acostumbrarme a nada, porque mi vida se ha convertido en un continuo ir y venir de novedades, y no me quiero quedar estática en ningún lugar.
Ahora vienen cambios, en el tema laboral y es que ahora me toca estar más en casa.
No es sólo una cuestión laboral, simplemente a este tema se ha unido también la salud familiar, la necesidad de unión y de aguantar el chaparrón. Y en ello estamos, tensando la cuerda y manteniéndonos fuertes y apiñados.
Me deshecho de un par de personas tóxicas de mi vida. Por supuesto, no son personas que pueda arrancar de cuajo, por un millón de hilos que me unen a ellxs, pero si que he conseguido mantenerlas alejadas de lo que yo considero importante y me siento muy orgullosa de ello. No ha sido para nada fácil, pero ahora mirándolo con tiempo y perspectiva, me ha ayudado bastante a tener una vida mucho más plena y feliz.
Y la verdad sea dicha, aunque ahora mismo no todo son buenas noticias, me encuentro bastante feliz. Valoro mucho todo lo que he aprendido y lo que he evolucionado. He aprendido a estar más sola que nunca y he descubierto que me encanta. Ahora me conozco mucho mejor, en todos los sentidos. No pasa nada por sacar los pies del plato, si realmente eso es lo que quieres. No tienes que hacer lo que hace todo el mundo para sentirte aceptadx.
No sabía lo importante que es hacer lo que realmente le nazca a uno de las tripas, hasta que lo he puesto en práctica.
Y aunque tengo más ataduras que nunca, me siento más libre que nadie, toda contradicción pura soy yo, pero es la única manera de explicarlo.
Quiero volver a escribir, dibujar, plasmar lo que me sale de la sesera. Y lo mejor de todo, es que puedo hacerlo.
Buenos días.
martes, 22 de marzo de 2016
martes, 10 de noviembre de 2015
¿Qué tal?
Esto se está quedando hueco. Muchas veces entro para leer a aquellas personas con las que empecé hace ya 5 años (me siento muy vieja diciendo esto) y de éstas ya sólo quedan un puñadito.
Supongo que hoy que estoy tranquila, en casa, con mi pijama cutre y mi manta vieja, me apetecía dejar huella.
Mi vida ahora es bastante estable. No tengo queja en ese sentido pues, necesito la rutina como algo habitual y llenar mi tiempo de actividades me hace infinitamente dichosa. Cuanto más tiempo aproveche y haga cosas productivas, mejor me siento conmigo misma así que por esa parte estoy bastante bien.
Estoy haciendo prácticas por las mañanas y dedicándome a mi negocio por las tardes. En total son unas 12 horas diarias fuera de casa, lo que me deja poquito tiempo para dedicarme a mis hobbies, aunque de vez en cuando saco algo de tiempo y leo, maquillo, dibujo, veo pelis o series.
También estoy preparando mi proyecto final para el ciclo que estudié (Administración y Finanzas), aunque ya me queda más bien poquito, la fecha límite de entrega es el 10 de Diciembre, pero quiero entregarlo antes, para poder hacer otras cosas.
El deporte es lo que tengo de momento más apartado desde que empecé con las prácticas. Antes el ir a trabajar por la mañana, me hacía caminar 4 km diarios, pero ahora no tengo tiempo para eso. Quiero empezar a dedicarle unos 30/40 minutos, que en realidad si me pongo a sumar el tiempo que pierdo viendo la tele o haciendo el tonto, puedo sacar ese tiempo sin que me suponga más estrés.
En el plano físico/autoestima, estoy bastante bien para mi sorpresa. Será que con la madurez, voy aceptando que este es mi cuerpo y mi rostro, que no voy a poder cambiarlo radicalmente y más aún si quiero ser una persona llena de vitalidad y salud. Por supuesto, tengo mis días chungos, en los que quitaba de aquí y ponía allá, pero no dejo que sean trascendentales, me envuelvo en una chaqueta y evito el espejo. Cobarde, pero efectivo.
No sé si es que de forma intrínseca, el sentirme útil y el hacer cosas que sirven para algo, hace que me sienta muy bien y deje de lado mi superficialidad. Estoy orgullosa de este paso que me ha costado la friolera de 4 años.
Sólo pasaba por aquí para decir que estoy feliz, que me va bien y que voy cerrando puertas, mientras se me están abriendo otras.
Un beso.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Propósitos cumplidos. Vamos avanzando.
Me he despertado hace una hora escasamente.
Definitivamente, el verano se ha ido. Hoy el día es gris, pero me apetece hacer recuento.
Desde hace unos meses, me propuse conseguir una serie de objetivos, que culminarían con el fin del verano. Y en ese aspecto estoy bastante orgullosa de mí, pues creo que casi los he cumplido:
-El primero de ellos fue, que tenía que leerme diez libros. No han sido diez, pero han sido nueve. Cada uno con su gran aportación por supuesto, y muy satisfecha con cada uno de ellos.
-El segundo era, que tenía que hacer ejercicio de forma más regular. Y la verdad es que desde marzo aproximadamente, he estado caminando 4-5-6 días a la semana unos cuarenta minutos por día. Físicamente no es que haya notado un gran cambio, pero a nivel mental si. Los disgustos me duran mucho menos, lloro muy de tarde en tarde. De hecho, creo que en estos casi 7 meses, he llorado veces contadas, quitando los fatídicos día de abril en que se me fue la cabeza un poco. Incluso para eso me vino bien, porque era mi manera de eliminar esa angustia acumulada.
-El tercero era ver más pelis. Casi nunca saco tiempo para ver alguna película que me remueva algo, y estos meses, he podido dedicar un poco de mi escaso tiempo al cine. Y a ver películas de miedo sola, que parece que no, pero era una fobia pendiente de superar. No es que haya visto muchísimas, pero alguna si, y me siento muy orgullosa por eso :)
-El cuarto, se basaba en ser un poco más ordenada. Y la verdad, que es casi el que más me cuesta, porque la verdad es que soy un desastre en lo que orden se refiere, pero ya lo voy controlando poquito a poco y procuro mantener un poco la estabilidad a mi alrededor. Intento no dejarme los cajones abiertos, irme de casa con el dormitorio limpio, no dejarme por ahí todas mis cosas esturreadas.
-El quinto, era el de espabilar. Y el de mantenerme en mis propósitos. Y objetivo conseguido y en proceso. Es increíble el trabajo que me cuesta no sentirme culpable, por no estar al cien por cien para todo el mundo, pero cada vez me cuesta un poquito menos. Y espero que llegue el día en que me de absolutamente igual. Con algunas personas ya lo he conseguido. Estoy desterrando poquito a poco a unas cuantas.
Definitivamente, el verano se ha ido. Hoy el día es gris, pero me apetece hacer recuento.
Desde hace unos meses, me propuse conseguir una serie de objetivos, que culminarían con el fin del verano. Y en ese aspecto estoy bastante orgullosa de mí, pues creo que casi los he cumplido:
-El primero de ellos fue, que tenía que leerme diez libros. No han sido diez, pero han sido nueve. Cada uno con su gran aportación por supuesto, y muy satisfecha con cada uno de ellos.
-El segundo era, que tenía que hacer ejercicio de forma más regular. Y la verdad es que desde marzo aproximadamente, he estado caminando 4-5-6 días a la semana unos cuarenta minutos por día. Físicamente no es que haya notado un gran cambio, pero a nivel mental si. Los disgustos me duran mucho menos, lloro muy de tarde en tarde. De hecho, creo que en estos casi 7 meses, he llorado veces contadas, quitando los fatídicos día de abril en que se me fue la cabeza un poco. Incluso para eso me vino bien, porque era mi manera de eliminar esa angustia acumulada.
-El tercero era ver más pelis. Casi nunca saco tiempo para ver alguna película que me remueva algo, y estos meses, he podido dedicar un poco de mi escaso tiempo al cine. Y a ver películas de miedo sola, que parece que no, pero era una fobia pendiente de superar. No es que haya visto muchísimas, pero alguna si, y me siento muy orgullosa por eso :)
-El cuarto, se basaba en ser un poco más ordenada. Y la verdad, que es casi el que más me cuesta, porque la verdad es que soy un desastre en lo que orden se refiere, pero ya lo voy controlando poquito a poco y procuro mantener un poco la estabilidad a mi alrededor. Intento no dejarme los cajones abiertos, irme de casa con el dormitorio limpio, no dejarme por ahí todas mis cosas esturreadas.
-El quinto, era el de espabilar. Y el de mantenerme en mis propósitos. Y objetivo conseguido y en proceso. Es increíble el trabajo que me cuesta no sentirme culpable, por no estar al cien por cien para todo el mundo, pero cada vez me cuesta un poquito menos. Y espero que llegue el día en que me de absolutamente igual. Con algunas personas ya lo he conseguido. Estoy desterrando poquito a poco a unas cuantas.
Así me siento hoy.
domingo, 6 de septiembre de 2015
La vuelta al cole, a la vida en general.
En la cama estoy con un vestido desgastado. Toda la habitación es un completo desastre, pero que ahora cuando acabe de escribir, me dedicaré en cuerpo y alma en dejar todo en su sitio.
Es curioso, que antes el orden no me molestaba en absoluto y ahora es insoportable para mi, necesito que todo a mi alrededor tenga su hueco y que no sobresalga demasiado del cuadro.
Será que cuando maduras, te molesta que las cosas no sigan en su sitio, que cuando te esfuerzas en que cada cosa, cada persona y cada sensación tenga su momento y su lugar y no sea así, te decepcionas, y es cuando poquito a poco, se va erosionando tu fuerza de voluntad.
Porque al fin y al cabo casi siempre todo se trata de fuerza de voluntad, de obstinación, de aguante, mientras merezca la pena, claro. Y cuando deje de ser así, let it go, hay que dejarlo ir.
Septiembre trae la fuerza del cambio, hasta yo me doy cuenta. Anuncios que promocionan la vuelta a la rutina, a lo cotidiano, los niños al cole, los jóvenes hacen la maleta, los adultos recuperan sus horarios frenéticos que combinan familia y obligaciones. Ya no hay quién se quede a última hora de la noche, rozando la mañana y sin que el frío te congele los dedos. Adiós vestido y sandalias para el sábado, se acabó dormir con la ventana abierta.
Si es que hasta el clima nos indica que todo tiene su fin.
Por eso cuando llegan estas fechas , me gusta hacer balance de lo que ha sido este verano.
Y en realidad, no es que las cosas han sido tan diferentes, y sin embargo, para mi ha sido así. Ha cambiado todo, pero por pequeños detalles, que como digo al principio, van erosionando y deformando la vida misma.
Aunque lo mejor es la genialidad que hay en todo esto. Es decir, me siento muy bien, muy satisfecha con todas las decisiones que he ido tomando a lo largo de este período estival. Pequeñas decisiones, que producen grandes efectos.
Y eso me hace feliz.
Es curioso, que antes el orden no me molestaba en absoluto y ahora es insoportable para mi, necesito que todo a mi alrededor tenga su hueco y que no sobresalga demasiado del cuadro.
Será que cuando maduras, te molesta que las cosas no sigan en su sitio, que cuando te esfuerzas en que cada cosa, cada persona y cada sensación tenga su momento y su lugar y no sea así, te decepcionas, y es cuando poquito a poco, se va erosionando tu fuerza de voluntad.
Porque al fin y al cabo casi siempre todo se trata de fuerza de voluntad, de obstinación, de aguante, mientras merezca la pena, claro. Y cuando deje de ser así, let it go, hay que dejarlo ir.
Septiembre trae la fuerza del cambio, hasta yo me doy cuenta. Anuncios que promocionan la vuelta a la rutina, a lo cotidiano, los niños al cole, los jóvenes hacen la maleta, los adultos recuperan sus horarios frenéticos que combinan familia y obligaciones. Ya no hay quién se quede a última hora de la noche, rozando la mañana y sin que el frío te congele los dedos. Adiós vestido y sandalias para el sábado, se acabó dormir con la ventana abierta.
Si es que hasta el clima nos indica que todo tiene su fin.
Por eso cuando llegan estas fechas , me gusta hacer balance de lo que ha sido este verano.
Y en realidad, no es que las cosas han sido tan diferentes, y sin embargo, para mi ha sido así. Ha cambiado todo, pero por pequeños detalles, que como digo al principio, van erosionando y deformando la vida misma.
Aunque lo mejor es la genialidad que hay en todo esto. Es decir, me siento muy bien, muy satisfecha con todas las decisiones que he ido tomando a lo largo de este período estival. Pequeñas decisiones, que producen grandes efectos.
Y eso me hace feliz.
lunes, 17 de agosto de 2015
Mi primera vez.
La primera vez que de verdad me giré para ver un esqueleto andante tendría unos doce años.
Iba por una de las calles más céntricas de mi pueblo, acompañada de mi madre.
Y entonces la ví. No era una chiquilla en absoluto, tendría unos 25 años. Era muy alta o al menos, desde mi dimensión, lo era.
Tenía el pelo rubio, cortado a la moda de entonces, a escala desordenada, liso y le caía por los hombros.
Era guapa. De rasgos afilados, tenía los pómulos sobresalientes, la barbilla fina. La nariz era pequeña y puntiaguda. Su boca era grande, de labios gruesos y ojos grandes y rajados.
Para mí, era guapísima, pero lo que más impacto (y admiración) me produjo fue su canónico cuerpo.
Llevaba unos pantalones de cintura baja con lo cual los huesos de las caderas se le asomaban con elegancia. A cada paso que daba, casi podía notar su piel siendo rasgada por esos huesos. También yo habría suspirado por esos huesos.
Y lo mejor no era eso, era que llevaba un top de licra muy ceñido bajo el cual se adivinaban unas costillas bien marcadas y definidas.
El escote le hacía un pecho pequeño, pero prieto, que adornaba su cuello con un collar de clavículas que nacían desde el centro hasta casi el fin de los hombros.
Y caminaba con una seguridad apabullante, mirando por encima del hombro, absolutamente a todo el mundo.
Y yo quería ser ella, con mis doce añitos y mis diez kilos de más.
Mi madre hizo un comentario despectivo al verla, con un tono de total desaprobación, pero yo ya me había enamorado.
Y creo que desde entonces estoy tratando de encontrarme con ella.
No me he parado a pensar en lo que marcó aquella mujer mi vida hasta que he rescatado este recuerdo.
Mis ídolos, mis gustos, mis metas, mi estética, al final ha estado relacionada intrínsecamente con esa mujer.
10 años después.
Iba por una de las calles más céntricas de mi pueblo, acompañada de mi madre.
Y entonces la ví. No era una chiquilla en absoluto, tendría unos 25 años. Era muy alta o al menos, desde mi dimensión, lo era.
Tenía el pelo rubio, cortado a la moda de entonces, a escala desordenada, liso y le caía por los hombros.
Era guapa. De rasgos afilados, tenía los pómulos sobresalientes, la barbilla fina. La nariz era pequeña y puntiaguda. Su boca era grande, de labios gruesos y ojos grandes y rajados.
Para mí, era guapísima, pero lo que más impacto (y admiración) me produjo fue su canónico cuerpo.
Llevaba unos pantalones de cintura baja con lo cual los huesos de las caderas se le asomaban con elegancia. A cada paso que daba, casi podía notar su piel siendo rasgada por esos huesos. También yo habría suspirado por esos huesos.
Y lo mejor no era eso, era que llevaba un top de licra muy ceñido bajo el cual se adivinaban unas costillas bien marcadas y definidas.
El escote le hacía un pecho pequeño, pero prieto, que adornaba su cuello con un collar de clavículas que nacían desde el centro hasta casi el fin de los hombros.
Y caminaba con una seguridad apabullante, mirando por encima del hombro, absolutamente a todo el mundo.
Y yo quería ser ella, con mis doce añitos y mis diez kilos de más.
Mi madre hizo un comentario despectivo al verla, con un tono de total desaprobación, pero yo ya me había enamorado.
Y creo que desde entonces estoy tratando de encontrarme con ella.
No me he parado a pensar en lo que marcó aquella mujer mi vida hasta que he rescatado este recuerdo.
Mis ídolos, mis gustos, mis metas, mi estética, al final ha estado relacionada intrínsecamente con esa mujer.
10 años después.
domingo, 2 de agosto de 2015
De vuelta de vacaciones.
Dicen que todos los viajes aportan algo. Durante mi adolescencia y mi escasa vida adulta, he intentado mantener ese mantra y no volverme a casa sólo con el moreno en la piel y la resaca.
Y es que he estado seis días fueras de mi casi-ciudad y en los que he tenido un poco de todo.
Pero, sobretodo me vengo con muchas ideas de vuelta en la maleta.
Siempre que vengo de algún sitio, paso unos días un poco agridulces. Amo mis rutinas, y me encanta estar de vuelta y volver a tener que organizar absolutamente todo, pero es inevitable echar de menos estar en la calle hasta las mil, la playa, el sol... todas esas cosas que quieras o no, significan estar de vacaciones.
Sin embargo, cuando sales fuera de tu casa, de tu entorno, de la familia, es cuando te das cuenta de muchas otras cosas, que están siendo maquilladas por tu vida cotidiana.
Yo no soy igual que mis amigos, me explico: todos tenemos la misma edad (21-22 años), pero a nivel mental cada uno estamos en una etapa completamente opuesta.
Creo y siento, que yo no tengo 22 años mentales. Lo pienso yo, y lo piensan ellos. También me lo dijeron un par de ocasiones allí donde estuvimos. Esto se debe principalmente a varias razones, pero la que más es que llevo siendo una señora responsable toda mi vida. Y ahora al tener que trabajar, pagar facturas, hacer números, pues todavía más.
Y creo que ellos viven en una adolescencia póstuma. Aún no se han dado cuenta de que los 18 ya pasaron y que lo mismo que hay momentos para el desfase, el alcohol y las risas, hay que ponerse serios de vez en cuando.
Y ahí es donde viene la segunda idea. Mi círculo son ellos. Y no me molesta, pero tengo más dependencia yo de ellos, que ellos de mi. Y ni si quiera sé si la palabra es dependencia. Lo que en realidad pasa, es que creo que estoy luchando mucho por cuidar la relación, por ser comprensiva, por preocuparme en exceso y no estoy recibiendo el mismo trato por esa parte.
Y la amistad se supone que es algo altruista, pero creo que con el tiempo, lo he convertido en un trabajo a jornada completa, en el que si me esfuerzo, exijo mi recompensa.
Mi concepto de amistad es erróneo. Por eso creo que este aspecto, lo debo cambiar para evitar futuros enfrentamientos y posibles decepciones. Que de eso también vengo servida.
Y la tercera idea tiene mucho que ver con la segunda, aunque creo que se merece una mención especial y aparte.Un poquito de egoísmo y egocentrismo en lata, por favor. Puede parecer irónico, cuando este blog, es puro egocentrismo, pero nada más lejos de la realidad, en mi vida normal no soy nada egocéntrica. Y no es algo que proclame con orgullo, al revés. Me da coraje, porque cuando tengo que sacar un poco los dientes, mirarme el ombligo y ser un poco diva, es cuando, pierdo totalmente mi identidad en favor de otros. Para evitar mal rollo o malos ratos.
Y básicamente en eso se han resumido mis vacaciones. No tengo queja, me lo he pasado realmente bien, he reído tanto hasta casi vomitar. Me he emborrachado cada noche. He bailado hasta que mis rodillas han protestado. He tomado el sol, he dormido y he comido lo que he querido. He caminado sola por la playa, he hecho fotos. He tenido tiempo para descansar y pensar. Y ahora, a seguir.
Y es que he estado seis días fueras de mi casi-ciudad y en los que he tenido un poco de todo.
Pero, sobretodo me vengo con muchas ideas de vuelta en la maleta.
Siempre que vengo de algún sitio, paso unos días un poco agridulces. Amo mis rutinas, y me encanta estar de vuelta y volver a tener que organizar absolutamente todo, pero es inevitable echar de menos estar en la calle hasta las mil, la playa, el sol... todas esas cosas que quieras o no, significan estar de vacaciones.
Sin embargo, cuando sales fuera de tu casa, de tu entorno, de la familia, es cuando te das cuenta de muchas otras cosas, que están siendo maquilladas por tu vida cotidiana.
Yo no soy igual que mis amigos, me explico: todos tenemos la misma edad (21-22 años), pero a nivel mental cada uno estamos en una etapa completamente opuesta.
Creo y siento, que yo no tengo 22 años mentales. Lo pienso yo, y lo piensan ellos. También me lo dijeron un par de ocasiones allí donde estuvimos. Esto se debe principalmente a varias razones, pero la que más es que llevo siendo una señora responsable toda mi vida. Y ahora al tener que trabajar, pagar facturas, hacer números, pues todavía más.
Y creo que ellos viven en una adolescencia póstuma. Aún no se han dado cuenta de que los 18 ya pasaron y que lo mismo que hay momentos para el desfase, el alcohol y las risas, hay que ponerse serios de vez en cuando.
Y ahí es donde viene la segunda idea. Mi círculo son ellos. Y no me molesta, pero tengo más dependencia yo de ellos, que ellos de mi. Y ni si quiera sé si la palabra es dependencia. Lo que en realidad pasa, es que creo que estoy luchando mucho por cuidar la relación, por ser comprensiva, por preocuparme en exceso y no estoy recibiendo el mismo trato por esa parte.
Y la amistad se supone que es algo altruista, pero creo que con el tiempo, lo he convertido en un trabajo a jornada completa, en el que si me esfuerzo, exijo mi recompensa.
Mi concepto de amistad es erróneo. Por eso creo que este aspecto, lo debo cambiar para evitar futuros enfrentamientos y posibles decepciones. Que de eso también vengo servida.
Y la tercera idea tiene mucho que ver con la segunda, aunque creo que se merece una mención especial y aparte.Un poquito de egoísmo y egocentrismo en lata, por favor. Puede parecer irónico, cuando este blog, es puro egocentrismo, pero nada más lejos de la realidad, en mi vida normal no soy nada egocéntrica. Y no es algo que proclame con orgullo, al revés. Me da coraje, porque cuando tengo que sacar un poco los dientes, mirarme el ombligo y ser un poco diva, es cuando, pierdo totalmente mi identidad en favor de otros. Para evitar mal rollo o malos ratos.
Y básicamente en eso se han resumido mis vacaciones. No tengo queja, me lo he pasado realmente bien, he reído tanto hasta casi vomitar. Me he emborrachado cada noche. He bailado hasta que mis rodillas han protestado. He tomado el sol, he dormido y he comido lo que he querido. He caminado sola por la playa, he hecho fotos. He tenido tiempo para descansar y pensar. Y ahora, a seguir.
domingo, 5 de julio de 2015
A veces tengo momentos de lucidez en la bruma de mi cabeza.
Hoy estando sola en la piscina, sin más sonido que el de las chicharras cantando, he tenido uno. He cerrado los ojos durante unos minutos para hablar conmigo.
Celebré mi cumpleaños ayer, osea que ya oficialmente he cumplido 22. Y me gusta hacer balance cada cumpleaños que pasa. ¿Qué ha cambiado en un año? Físicamente hay cambios, eso es notable. Poco a poco se van borrando de mi cara las pocas líneas y señales de mi adolescencia que me quedan. Mi cuerpo sigue siendo joven e imperfecto, pero poco a poco voy queriendolo un poquito más cada día.
Y mentalmente es otro mundo. En algunas cosas he ganado, en otras he perdido, pero siempre, siempre, he aprendido la lección. Eso me gusta de mí.
He intentado involucrarme en dos relaciones este año, pero por h o por b, no ha salido bien en ningún caso. Una por tener demasiada historia en común y otra por terceros y personajes ajenos que al final han envenenado las buenas intenciones.
En ese aspecto he aprendido que :
-1. Nunca hay que dejarse de lado a uno mismo por completo. El que se entrega entero, jamás regresa entero.
-2.Que lo que haga tu mano derecha, no lo sepa tu mano izquierda. En estos temas es mejor que el número de personas sea mínimo, porque al final todo se acaba liando de mala manera.
-3.Llorar no es de cobardes. Llorar es de estar vivo y es una manera excelente de desahogarse y gratis.
-4.Los palos o desengaños que nos dan, son una oportunidad única para tomar buenas decisiones. La mayoría tajantes y definitivas, pero mejor para un@ mismo.
-5. Los chupadores de buen rollo y de positivismo, buscadores de psicólogos gratuitos, que se vsyan a pastar al campo.
Así que en ello estoy. Y me parece mentira que hoy lo vea todo así, cuando hasta hace unas semanas, vivía adormecidasin hacer ningún caso a todo esto.
Me alegro de estar así hoy.
Hoy estando sola en la piscina, sin más sonido que el de las chicharras cantando, he tenido uno. He cerrado los ojos durante unos minutos para hablar conmigo.
Celebré mi cumpleaños ayer, osea que ya oficialmente he cumplido 22. Y me gusta hacer balance cada cumpleaños que pasa. ¿Qué ha cambiado en un año? Físicamente hay cambios, eso es notable. Poco a poco se van borrando de mi cara las pocas líneas y señales de mi adolescencia que me quedan. Mi cuerpo sigue siendo joven e imperfecto, pero poco a poco voy queriendolo un poquito más cada día.
Y mentalmente es otro mundo. En algunas cosas he ganado, en otras he perdido, pero siempre, siempre, he aprendido la lección. Eso me gusta de mí.
He intentado involucrarme en dos relaciones este año, pero por h o por b, no ha salido bien en ningún caso. Una por tener demasiada historia en común y otra por terceros y personajes ajenos que al final han envenenado las buenas intenciones.
En ese aspecto he aprendido que :
-1. Nunca hay que dejarse de lado a uno mismo por completo. El que se entrega entero, jamás regresa entero.
-2.Que lo que haga tu mano derecha, no lo sepa tu mano izquierda. En estos temas es mejor que el número de personas sea mínimo, porque al final todo se acaba liando de mala manera.
-3.Llorar no es de cobardes. Llorar es de estar vivo y es una manera excelente de desahogarse y gratis.
-4.Los palos o desengaños que nos dan, son una oportunidad única para tomar buenas decisiones. La mayoría tajantes y definitivas, pero mejor para un@ mismo.
-5. Los chupadores de buen rollo y de positivismo, buscadores de psicólogos gratuitos, que se vsyan a pastar al campo.
Así que en ello estoy. Y me parece mentira que hoy lo vea todo así, cuando hasta hace unas semanas, vivía adormecidasin hacer ningún caso a todo esto.
Me alegro de estar así hoy.
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